
Las aguas de mi vientre, se disgustan con las aguas de tus manos, con la exactitud de tus dedos para enturbiar mis aguas. La presencia de tus manos frente a la presencia de las mías, dibujan descaradas, estas olas tan estupidas y dan forma a la pintura desde el negro azabache, hasta el rosa mejilla y fluyen los colores, las pinturas, las esencias de un lado a otro.
Mis aguas frente a las tuyas.
Y se disgusta mi vientre frente a las aguas de tus manos, porque pintan de sus nauseas y de su miedo. Matemáticamente pintan, calculando el nivel de mis aguas, tus gordos dedos fraccionan el lienzo sobre mi cara, para que mi vientre mire como partes despiadadamente su orgullo, como logras hacer que se enturbien sus aguas.
Al carajo entonces mis libros mis cuadernos y mi vientre, todo se ahoga en tu lienzo, entre el trazo difuso, en el plasma de la pintura, que se tragó esta tarde y a mi vientre y a mis aguas.
Y lo cierto es que me muero, porque sí pintes toda la tarde, aunque mi vientre se disguste, por no saber porque lo hace. Yo creo, pintor de tardes, que está enojado porque quiere ser madre, de verdad, de lo que pintes en serio para él, no solo una tarde.
Y parir tus trazos raros con dolor incalculable y que me abran desde adentro las ideas de tus pinceles; de que pintes, pero con sangre, la gestación de momentos realmente caóticos, que explotan siempre y sin evitarlo en orgasmos de colores, de sabores, de poemas.
Mi vientre y sus aguas, se disgustan con el sueño de ser cuna de la obscuridad de tu arte, que se le niegue el arrullo, entre sus redondeadas formas, de la pasión que contiene el silencio de los pintores, de tu negro azabache, de tu rosa mejilla, del hielo de tu mano, del punto blanco en tus ojos.
Lo que realmente odian mis vísceras, son estos sueños cagones, donde pintas durante las tardes y yo te cuento cuanto odio soñarlo.
Mis aguas frente a las tuyas.
Y se disgusta mi vientre frente a las aguas de tus manos, porque pintan de sus nauseas y de su miedo. Matemáticamente pintan, calculando el nivel de mis aguas, tus gordos dedos fraccionan el lienzo sobre mi cara, para que mi vientre mire como partes despiadadamente su orgullo, como logras hacer que se enturbien sus aguas.
Al carajo entonces mis libros mis cuadernos y mi vientre, todo se ahoga en tu lienzo, entre el trazo difuso, en el plasma de la pintura, que se tragó esta tarde y a mi vientre y a mis aguas.
Y lo cierto es que me muero, porque sí pintes toda la tarde, aunque mi vientre se disguste, por no saber porque lo hace. Yo creo, pintor de tardes, que está enojado porque quiere ser madre, de verdad, de lo que pintes en serio para él, no solo una tarde.
Y parir tus trazos raros con dolor incalculable y que me abran desde adentro las ideas de tus pinceles; de que pintes, pero con sangre, la gestación de momentos realmente caóticos, que explotan siempre y sin evitarlo en orgasmos de colores, de sabores, de poemas.
Mi vientre y sus aguas, se disgustan con el sueño de ser cuna de la obscuridad de tu arte, que se le niegue el arrullo, entre sus redondeadas formas, de la pasión que contiene el silencio de los pintores, de tu negro azabache, de tu rosa mejilla, del hielo de tu mano, del punto blanco en tus ojos.
Lo que realmente odian mis vísceras, son estos sueños cagones, donde pintas durante las tardes y yo te cuento cuanto odio soñarlo.
daf.
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